14 de enero

No fue 2017 un buen año. Lo escribo ahora en este diario y siento que me escuece como cuando te están limpiando una herida. Un año así más bien parece un navajazo certero en un bazo o en la pelvis. Y sin embargo intuyo que vendrán todavía muchos peores. De esos que te dejan enterrado a más de tres metros bajo la nieve sin que nadie vaya venir a rescatarte. 

En 2017 algunos días deseé que no amaneciera. Y que fuera durante tres siglos de noche. Me sentía a salvo varado como una momia en los hexágonos semioscuros de algunas habitaciones. Me envolvía en la manta esta que tenemos de colores, de lana que a veces me da dentera,  y me acurrucaba en sus esquinas. Pensaba. Y luego leía. Esos libros que no pueden dejarse. Que vencen al sueño. A cualquier principio de pesadilla. También veía películas de Tarkovski. De Kieslowski. De Scola. Y me cargaba de belleza. 

Ahora estamos ya en un nuevo año. Y este diario que escribo los domingos es uno de mis alicientes. Avanzo despacio. Saboreo la lentitud de algunos instantes que atraviesan la textura de la tarde. Sonrío sin mucha esperanza. Vamos a vivir una vez solo, me digo. Te digo. Ya sabes cuánto repito las cosas. Las canciones que recito quitándole el tono, la música. ¿Te hago feliz? ¿O soy más bien bastante aburrido, previsible como un lunes temprano? Nunca fui feliz ni un solo día de mi vida. Pero finjo bastante bien y en esa impostura me obligo a no hacer nada sin alegría que decía Cioran, por citar a alguien…

Recomendaciones

  1. Escuchar u oír la canción de Los Planetas: Zona Temporalmente Autónoma.
    elartedeperder

    El arte de perder.

  2. No dejar de ver nunca en la vida Vivir, de Kurosawa.
  3. Leer El arte de perder, de Scott Fitzgerald. Párrafo al azar: “Ahora me gustaría que me mandaras por correo aéreo la siguiente información, y te ruego que no me ahorres lo malo, porque tengo la moral alta y quiero saber en qué posición exacta me encuentro de cara a las revistas, en particular el Post. Como hablamos otras veces, es probable que la longitud de 5.000 palabras acabe dándome muchas preocupaciones, y, aunque me doy cuenta de que Collier´s tiene derecho a echar un vistazo a algunos de los cuentos, de alguna manera no veo ahí una relación permanente”.

 

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