8 de enero

Acabamos de llegar. Me dices que parecemos desorientados. La casa huele como si en estos días hubiera estado alguien. Una familia numerosa que hace aquí su vida cuando nos ausentamos. Cuando nos vamos de viaje. Una casa donde se cruzan dos historias. La visible y la invisible. La visible es la nuestra. ¿No? Aún pequeña. La pareja que lleva casi seis años conociéndose. Que cree saber el uno del otro. Sus aciertos y sus virtudes. Lo que les molesta. La pareja que se necesita. Que no lo dice pero se necesita. Ella que se va a la cama siempre antes que él y en la oscuridad lo escucha fuera. Él, que trasnocha en el sillón. Subraya libros. Escucha jazz. Mira las estrellas. ¿Por qué hablo en tercera persona? Si somos tú y yo de los que estamos aquí hablando, a los que me estoy refiriendo, en este diario que no se escribe todos los días, para no cansar, para no cansarme. Para no destrozarme vivo.

La invisible es la otra. ¿No? La madre que despierta a sus seis hijos. Les prepara el desayuno. Le lleva el café al marido a la cama. ¿Cuándo lo hará él? ¿Cuándo se despertará primero, bien temprano, a esa hora que no es de día ni de noche, la tocará suave, le pasará la mano por la cicatriz que tiene junto a la boca, y le dirá buenos días? Imagino el ajetreo del léxico familiar de estos invisibles que están aquí cuando no estamos. Que deshacen la cama. Cogen los libros de la estantería blanca. Se ponen películas de los sesenta. Y escriben también un diario. Donde para ellos nosotros somos los verdaderos invisibles. Los que ocupamos su casa que ellos pagan desde 2005. Nosotros somos su irrealidad.

Recomendaciones:

  1. Ir de una casa a otra en la película Una jornada particular de Ettore Scola
  2. Fotografiar fachadas de librerías y comenzar una colección en blanco y negro. La primera: The American Book Center, en Spui, Amsterdam
    hambrederealidad

    Hambre de realidad.

  3. Leer Hambre de realidad, de David Shields. Párrafo al azar: “Siempre me ha costado escribir ficción. Es un poco como conducir un coche vestido de payaso. Vas a alguna parte, pero estás disfrazado, y la verdad es que no engañas a nadie. Eres el tipo que va disfrazado, y se supone que todo el mundo tiene que hacer caso omiso y subirse al coche contigo”. (Más info: https://circulodetiza.es/shop/hambre-de-realidad/)
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