A vida completa

Parece que el domingo es todo luz. Una luz que regresa transparente como un puñado de abejas pérdidas que buscan palabras en la colmena del aire, que buscan, indecisas y libres, la penúltima flor. Con esta luz huérfana de miradas sagradas se muere uno más lento, más feliz, menos estúpido. Huele ahora a paso del tiempo, a las ruinas de una belleza corrompida y olvidada, a tierra viva, blanca, que hiere de nostalgia y trastoca algo por dentro que escapa al azar, que es una lógica trascendente, que supera a la palabra, siempre insuperable. Los domingos son un día sin tiempo, ligero de cargas, de las obligaciones que socavan de impaciencia las conversaciones y arrasan el instante más bello.

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Zona de obras.

“El compromiso con la palabra es a tiempo completo, a vida completa. Puede que un periodista convencional no lo piense así. Pero un periodista de raza no tiene otra salida que pensar así. El periodismo no es una camisa que uno se pone encima a la hora de ir al trabajo. Es algo que duerme con nosotros, que respira y ama con nuestras vísceras y nuestros mismos sentimientos”, escribe Leila Guerriero en Zona de Obras.

Veo hebras de luz colgando de las esquinas de las ventanas, de las ramas de los árboles, generosos como los vecinos viejos, y entonces me vengo arriba como el que toca un milagro. Como el que vuelve a la vida de un sueño raro. Veo la vida y la hago mía, la abrazo y la estrujo como una esponja nueva. Y dudo, de todo dudo, porque la duda me hace más fuerte. Me serena la duda. Me inquietan las certezas irrefutables. El fundamentalismo de la verdad me inquieta. Lo absoluto. Lo que no puede interrogarse.

La gran desilusión.

“¿Votamos lo que somos o votamos lo que pensamos? Igual tienen ustedes suerte de reconocerse en una familia política. Debe de ser apasionante eso de creer que la receta existe. Reconfortante, eso de encender la televisión y sentir que lo que les cuenta este u otro portavoz político tiene algún sentido. Excitante, eso de intentar convencer al vecino de que hay un sendero para salir de este laberinto y, qué demonios, es el tuyo. Debe de serlo, sin duda, debe de serlo”, dice Javi Gómez en La gran desilusión.

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Fotografía: Fred Stein
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