Ataduras

Se vive siempre herido. Por una cosa o por otra. Y te salvan ciertos instantes, inesperados, no elegidos. Un hilillo de aire y lluvia que, bien temprano, entra de pronto en la casa y la llena de tiempo de vida. Una llamarada de oxígeno que desinfla la burbuja del verano, y se lleva su idioma de vaga eternidad, su amor que irradia un calor provisional, finito, con fecha de caducidad. Mientras cocino pienso en todas las heridas que uno lleva invisibles en la piel. Cocinar me relaja, me separa del torrente de lo cotidiano, de la realidad hormonada. Se me ocurren muchas cosas cocinando y las apunto en una libreta imantada que tengo en la nevera o las dejo flotando en mi interior mientras muevo los ajos en el aceite de oliva traído de un pueblo de aquí cerca. Los ajos siempre me recuerdan a las pirámides, porque de ellos se alimentaban principalmente aquellos hombres que trabajaron en esas construcciones desafiantes e imposibles, esas ficciones de punta de piedra y fuego.

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Fuera de carta.

“El emperador  -Napoleón- se chupa la grasa de los dedos mientras mastica las rebanadas de pan tostado impregnadas con los jugos del cangrejo, aderezados con el toque de aceite y perejil. Se limpia la boca con el dorso de la mano y a continuación la lanza al plato, empapándola bien en la generosa salsa con champiñones que envuelve al pollo”, escriben Rodrigo Varona y Javier Márquez en Fuera de carta.

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Ensayos bárbaros.

Si hubiera leído antes a Thoreau me hubiera librado de muchas cosas. De muchas heridas. Pero hay libros que llegan tarde, pero llegan, y sus lecturas nos hacen cambiar el rumbo. Leyendo a Duchamp y Thoreau he aprendido más que en los primeros 25 años de vida. Gracias a ello supe que no debía cargarme de obligaciones. Que debía andar liviano. No complicarme mucho. No acumular. No dejar que el capitalismo y las estupideces me poseyeran. Yo me poseo a mí mismo y así será hasta el último día, yo dueño de mí, de mi hambre, de mi forma de ver la vida.

“Y para redondear esta idea que proyecta, cuando menos de manera literaria, una vida al margen de las ataduras que impone una materia tan contundente como una casa de piedra, escribe esta línea: “Porque el coste de una cosa es la cantidad de vida que hay que dar a cambio de ella”. Y para encuadrar socialmente esta reflexión, escribió: “El lujo que disfruta una clase se compensa con la indigencia que sufre la otra”, señala Jordi Soler en Ensayos bárbaros.

Puedes adquirir Fuera de carta y Ensayos bárbaros en:

https://circulodetiza.es/libros/

 

Fotografía: Marc Riboud.

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