¿Cómo nos gustaría morir?

Había dado ya cuatro o cinco vueltas a la vitrina del marisco del supermercado pensando en lo que iba a hacer con el dinero que me iba a devolver el banco. Mi padre me lo venía advirtiendo: no te hagas ilusiones, ese marisco no será para ti. Pero por una vez yo quería matar al padre y soñaba con la devolución del dinero que un día me robó mi propio banco cuando firmé mi hipoteca. Dos o tres mil euros hubieran sido una buena inyección de cicuta para fin de año. Una buena cantidad de venenoso dinero con el que corromperme más fácil, con el que fragmentar en física cuántica mi identidad de hombre globalizado y solitario.

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Hambre de realidad.

“Estar vivo es moverse sin cesar entre lo real y lo imaginario, y una forma mixta es el emblema más exacto que puedo concebir del insoluble misterio que se halla en el centro de la identidad”, escribe David Shields en Hambre de realidad.

Pero como siempre, en lo más alto del sistema, han ardido los teléfonos. Los rojos. Los azules. Los verdes. En la religión del capitalismo, de la que hablaba Walter Benjamin, no hay respiro para el liberto. La felicidad dura poco y el pez grande se come al pequeño, aquí y en Pekín. Y en verdad está hasta bien que no nos devuelvan nada, total, que hacemos tanta gente con tanto dinero por ahí todo el día. Sería como revolucionario. Millones de familias felices consumiendo lo devuelto. Qué haríamos tantas personas con tamaña justicia. Nada, nos haríamos un lío. Un orgasmo monetario.

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Empiezo a creer que es mentira.

“Todo el mundo se ha hecho alguna vez esa pregunta. ¿Cómo nos gustaría morir? Juguetear con ese último momento, contarle las arrugas a Caronte, frivolizar con la postrera sombra. Yo he escuchado todo tipo de opiniones al respecto: desde el que prefiere morir ahogado hasta el que prefiere hacerlo en la hoguera, desde el que planea qué método de suicidio será más rápido hasta el que exige pasar por un trance doloroso y capaz de expiar. Hay quien se imagina falleciendo en pleno orgasmo”, dice Carlos Mayoral en Empiezo a creer que es mentira.

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