Crepúsculos matutinos

 

Al final eres feliz en pocos sitios. En dos o tres. Los cuentas y, en verdad, son dos o tres. La casa del abuelo, la casa de siempre, en la ciudad vieja, la ciudad enmascarada de tiempo y niebla. El banco de madera, el banco al final del paseo donde en invierno se estiran los gatos de pómulos egipcios y se quedan dormidos los extranjeros con un libro entre las manos. El banco de madera carcomido de salitre y luz de luna de color albaricoque, como las de Murakami. Los pájaros que se detienen en las rocas y que luego se alejan, se hacen pequeños como signos de puntuación, como hormigas voladoras en días de granizo. No existirá nada un día cuando se nos pase la vida. Y todo se quede aquí, el vino, los veranos, los gatos, el banco, la casa del abuelo, el arte…

laimportanciadenoentenderlotodomovil

La importancia de no entenderlo todo.

“Todo empieza en ese cajón de arena donde juegan los niños. Empieza justo al principio de la infancia (…) Por suerte para el arte, la vida es dura, difícil de entender, inútil y misteriosa. Por suerte para los artistas, el arte en sí mismo no les hace falta para completar un buen día de trabajo. Pero los críticos y los profesores sí. Un libro o un cuento deberían ser más inteligentes que su autor”, asegura Grace Paley en La importancia de no entenderlo todo.

Eres feliz a la orilla del mar, con los pies semienterrados en la arena, en el cajón de agua y arena. Las medusas, con sus tirabuzones de gelatina y sal, que pican al nadador, al amante, al adúltero, a las mesalinas y a la novia de nadie. El verano es la medusa y el cielo interminable. La gamba genuflexa en el plato blanco, ladeada, mártir, inconfesa, la gamba entera y ciega. Pobre gamba, pobre gambón. El verano es Menorca, Constantinopla, Ítaca, Conil y Malta.

constantinopla

Constantinopla. Eterno viaje a Ítaca.

“He hallado en Malta esa hermosa luminosidad de España, de la que Italia, a pesar de su tan alabado cielo, ofrece sólo un pálido reflejo. El día está realmente muy claro y no se trata en absoluto de uno de esos crepúsculos matutinos más o menos brumosos al que se adorna con el nombre de día en los climas septentrionales (…) El bote me deja en el muelle y penetro en la ciudad de La Valetta por la puerta Lascaris, Lascaris Gate, como dice la inscripción grabada sobre la arcada. Este nombre griego y este vocablo inglés, unidos por un guión, causan un efecto extraño. Todo el destino de Malta está descrito en estas dos palabras”, dice Gautier en Constantinopla. Eterno viaje a Ítaca.

Puedes adquirir La importancia de no entenderlo todo y Constantinopla. Eterno viaje a ítaca en:

https://circulodetiza.es/libros/

FacebookTwitterWhatsAppShare
Utilizamos cookies propias necesarias para el funcionamiento de esta web y de terceros para mejorar nuestros servicios de análisis con Google Analytics. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información en Política de cookies. ACEPTAR
Aviso de cookies