Cumplir cuarenta

Pienso que poco a poco voy haciendo lo que quiero. En eso se tarda. Diez o casi veinte años. El tiempo que dura la confusión. Pero si persistes, llega. El atajo hacia tu propio extravío es bien largo. Aprender a curvar la línea recta requiere cabeza fría. Y mucha magia, blanca y negra, hasta hacer desaparecer horarios. Jefes. Imposiciones. Restricciones de la libertad. Alquiler de voluntades… Lo anuncio ya: he regresado a lo humano.

Ahora tengo todo el tiempo que quiera para mí. Y encima, como duermo poco, un día me parece un siglo. Leo más que nunca. Y tengo latiendo por dentro una vida interior. Quiero y me quieren. ¿Acaso es poco? Escucho jazz los lunes por la mañana, cuando los coches se afanan por llegar al matadero. Viajo. Ahora estoy en la cama de un hotel de Londres donde he venido a cumplir los cuarenta. Si la vida, acaso, se pudiera dividir en dos partes, esta incierta que empieza ahora será así, en permanente extravío, pase lo que pase. Tenga más o menos frío. “La vida empieza a los cuarenta”, decía John Lennon. Pero no parece un buen ejemplo.

Estoy solo, en un hotel de Whitechapel, el barrio de los asesinatos de Jack El Destripador. Pero vayamos por partes. Estoy solo pero bien acompañado. Vinieron conmigo Natalia Ginzburg. Ursula K. Le Guin. César Aira. Las palabras de los vivos y los escritores muertos son una fiesta para la habitación de un hotel donde continuo este diario, que empecé a principios de enero, y del que sólo se publican algunos fragmentos. Los que escribo los domingos. El resto está ahí, en una libreta de bolsillo. Como microgramas walserianos a pie de página. Tengo ya cuarenta años. Y la única crisis agradable que siento es la de poder seguir vivo.

Recomendaciones

  1. Guest. José Luis Guerin. ¿Dónde acaba la ficción y empieza el documental de tu vida?
  2. Una canción para derrumbar miedos: Blackstar, de David Bowie.
  3. Contar es escuchar.

    Leer Contar es escuchar, de Ursula K. Le Guin. Párrafo al azar: “La imaginación no es una forma de hacer dinero. No tiene cabida en el léxico del lucro. No es un arma, aunque todas las armas se originen en ella y de ella dependa el uso o no de las armas: como todas las herramientas y sus usos.  La imaginación es un modo fundamental de pensar, un modo esencial de convertirse en humano y seguir siéndolo. Es una herramienta mental”.

 

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