El arte de los afectos

Incluso desenvolviéndonos en el seno de lo discutible, hemos de admitir que los afectos son decisivos. Y no han de considerarse un aditamento o un complemento del pensamiento. Ni algo lateral o secundario, cuando no un obstáculo o un impedimento para la reflexión y el análisis. y menos aún para la decisión ajustada. Tan parecería que la tarea consistiría en mantenernos a buen recaudo, al margen, evitando que contaminaran momentos fundamentales de nuestra existencia. En todo caso, quizá podríamos relegarlos a la esfera más privada. Desde luego esgrimirlos en un contexto profesional se consideraría impropio de alguien de nivel. Es cosa, se dice, de dejarlos de lado para que no intoxiquen nuestra coherencia o perturben nuestra ecuanimidad.

Puntos suspensivos
Ángel Gabilondo

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