Estropear el estilo

 

A menudo me lo dicen. En el supermercado de abajo, el supermercado de la Chari, o en el lavadero de coches de la M-30. En la última churrería del pueblo de mi padre o en la copistería. Me dicen: escribe. O me dicen: ya no escribes tanto como antes. Yo sonrío y no digo nada. O digo: ahora sólo leo. Leo todo lo que puedo. Y de pronto, que seguro que se me nota, se me va el santo al cielo y me acuerdo de Umbral. Porque uno cree que escribe porque un día leyó a Umbral en las mesas aquellas de la facultad donde hacía frío como en Rusia, en las mesas al aire libre o en el rincón del bar nuevo que ya no es tan nuevo, el bar donde vimos por primera vez pasar el amor y el deseo.

El tiempo reversible, de Umbral.

“No es que no pueda leerse todo, que se podría, sino que no se debe, pues se encuentra uno con que le estropean el estilo los malos redactores angloaburridos, los malos realistas neobercianos y tanto bestseller internacional. El otro día abro la última novela de un joven que va de estilista: “Entramos en una taberna y cenamos opíparamente”. Eso de opíparamente lo decía mi tía la de León, la pobre. La palabra en sí es horrible, pero además es un tópico conversacional. Casi todas las señoras cenan opíparamente (menos las de Somalia). Lo comenté con Caballero Bonald y estaba de acuerdo conmigo”, escribe Umbral en el libro El tiempo reversible.

nuevaslecturascomvulsivasmovil

Nuevas lecturas compulsivas, de Azúa.

Escribir mucho estropea el estilo. Y sin embargo, leer mucho no estropea nada. Leer más que escribir, esa creo yo al final que es la clave. Escritura frugal. Escritura de entremés y cena ligera. Lectura opípara. De almuerzo de dos platos y postre. Vivir leído. Acostarse por escrito, que decía Perec. O escribir, acaso solo, para no ser escrito, que decía Fogwill. Leer opíparamente, como la tía de León, la pobre, y esperar la noche. La noche pascaliana. “A veces, aunque no siempre, los escritores tienen la fortuna de vivir una noche pascaliana durante la cual se les aparece con toda nitidez el mapa del universo y a partir de ese momento dedican todos sus esfuerzos a clarificar zonas, territorios y demarcaciones, porque la totalidad sobre la que se instalan ya no cambiará nunca más. Despejar incógnitas es, en su caso, el equivalente de proceder al registro catastral de una provincia, explorar un bosque o proyectar puentes sobre los ríos”, dice Félix de Azúa en Nuevas lecturas compulsivas.

 

Puedes adquirir El tiempo reversible y Nuevas lecturas compulsivas en:

https://circulodetiza.es/libros/

FacebookTwitterWhatsAppShare
Utilizamos cookies propias necesarias para el funcionamiento de esta web y de terceros para mejorar nuestros servicios de análisis con Google Analytics. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información en Política de cookies. ACEPTAR
Aviso de cookies