Fugas de perspectivas

No podrá ser nunca más grande la tristeza que nuestras ganas de vivir. La alegría esa de caminar por la dársena del puerto. El agua que salpica nuestra ropa. La portada del periódico con sus noticias frías como un diciembre lituano. Tus hombros desiguales, blancos de invierno, por donde asoman la lujuria ingrávida de unos tirantes negros. La tristeza es un muro franqueable. Lo atravesamos y nos paramos a ver el último vuelo de las gaviotas. A escuchar la voz ronca de los pescadores viejos. Vemos a los últimos filósofos del pueblo, tumbados sobre las rocas, leyendo poesía. Uno te mira y dice, casi sonriendo: ser menos para ser con más detalle.

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Leer es un riesgo.

“En los escritos recogidos en A favor o en contra de la bomba atómica, encontramos una Morante ensayista que construye sus mitos de ideas y expone sus diagnósticos psicológicos, intelectuales y sociales. Es un libro de algo más de cien páginas, pero contiene en poco espacio mundos enteros. Es como si los tiempos y los espacios del pensamiento se ralentizaran y se dilataran, creando fugas de perspectivas donde comparecen Umberto Saba: “poeta de la vida”; Fran Angélico: “propaganda del Paraíso”; la bomba atómica: “la flor, es decir, la expresión natural de nuestra sociedad contemporánea”, así como los Diálogos de Platon lo fueron de la ciudad griega”, escribe Alfonso Berardinelli en Leer es un riesgo.

Mejor es no saber qué piensas. Las cosas que piensas, mientras caminamos de regreso, en silencio. Pienso que el único patrimonio que tenemos ahora es el amor. Tu amor. El amor del otro que te aparta de la soledad más profunda. No hay nada más importante que eso. Aunque busquemos otras mentiras por el mundo. Otros trayectos. Con el amor se sobrevive. Un buen tiempo. Digan lo que digan. El éxito es el amor. Y el desamor es solo pura derrota.

A favor o en contra de la bomba atómica.

“La leyenda de Fra Angélico, antes que pintor, lo quiere santo. Los críticos modernos, preocupados por situarlo de forma objetiva en la Historia, tratan de eliminar algunos obstáculos de su leyenda. Pero yo, al igual que el pueblo, no sé adaptarme a semejante operación; a pesar de que en esa aureola supraterrenal tenga que reconocer mi primera acritud que ha provocado algunos de mis huraños prejuicios sobre Fran Angélico”, dice Elsa Morante en A favor o en contra de la bomba atómica.

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