Instantes que son para siempre

Debajo del agua escribo cosas. Meto la cabeza y cierro los ojos y escribo pensando. Aguanto mucho allí abajo, adonde no llegan los problemas. La estupidez humana. La insolidaridad. La locura del verano. Tendría que ser la vida como debajo del mar, así tranquila, con esa sinfonía uniforme y extraña, como si procediera de otro mundo. Si me quitan el mar muero, como mueren esos mejillones que arranca la gente de las rocas antes de volver a casa. Siento que en una roca soy más que feliz. En la roca mojada de esta tarde, con esa espuma mojándome las piernas, el tronco de este árbol semiviejo de cuarenta años que va hacia atrás como una nécora, la más lenta de todas las nécoras que pisaron nunca el mundo, que pisaron la arena esta negra del sur, la negra volcánica y ciega, sucia, fea, la arena donde descubrí el amor, la ceniza donde lloré mucho por las cosas imposibles, las cosas que se resisten y te dejan seco, sin aire, como algunos poemas de Pavese o el disparo de Larra.

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Empiezo a creer que es mentira.

“Larra, por colocar de primera a un suicida decimonónico, la verdadera estirpe  de poetas autodestructivos, llevó a cabo sus mejores textos durante el último año de su vida. El Larra atormentado, el Larra destruido, el Larra que ya jugaba con la muerte”, escribe Carlos Mayoral en Empiezo a creer que es mentira.

He escrito siempre mucho debajo del mar. Y precisamente hoy, en una de esas veces que me atravesaban las ideas como rayos, he vuelto a la superficie y he visto por la arena a un hombre que caminaba rápido y se parecía a Banville. No he visto nunca a Banville pero al menos se le parecía al que yo he visto en las fotos de los libros que tengo en la casa de la playa, la casa de la que ahora ya me voy, esta noche mismo, con esa melancolía de las cosas que no van a volver, con la nostalgia anticipada de los instantes que son para siempre.

Impón tu suerte.

“Siempre me he forzado a la contradicción para evitar conformarme con mi propio gusto. Y por eso no puedo más que admirar a John Banville que siempre ha defendido el estilo por encima de la trama, pero permite que a Benjamin Black, el pseudónimo con el que se ha desdoblado, le preocupen cosas como argumento, personajes, diálogo”, dice Enrique Vila-Matas en Impón tu suerte.

Fotografía: Paul Kooiker.

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