Inventar pasiones para ejercitarse

 

En el espacio que me queda entre la vida y la casa de la ficción, que decía Henry James, me invento pasiones para sobrevivir. Me invento un lugar de experimentación propia, una zona exclusiva donde entrelazo lo que me pasa cuando no pasa nada y lo ficcional. Y percibo el mundo como un texto fragmentario que forma un conjunto, una forma, una estructura, haciendo del sinsentido de existir toda una ciudad legible.

¡Qué feliz soy de lo que acabo de escribir! Parece como si me lo hubiera dictado mi madre. Es como si de pronto supiera cómo pasar de la mediocridad de lo real a la fiesta de lo literario. “En el centro del vacío hay otra fiesta”, escribía Juarroz. Hubiera dado lo que fuera por apellidarme Juarroz. Llamadme Juan Juarroz, hubiera dicho a la gente. Que todo mi nombre fuera ya, desde el inicio, una figura literaria, una danza de jotas y erres. Pero tengo apellidos normales. Uno no elige esas cosas como muchas otras: la familia en la que nace, el dinero que le llega o el amor. “Los amores no se eligen”, canta Machado.

Sobrevivo de inventarme mis pasiones que es lo que Francisco Umbral decía, recordando a Voltaire, que hacía El Quijote. “Se inventaba pasiones para ejercitarse”. Una frase del Quijote dice más que cien libros. Habría que parar un rato el mundo, frenarlo en seco y dejar tiempo a la gente para que no se fuera a la tumba sin leer a Cervantes. A Shakespeare. O a Poe, que inventó en veinte páginas un par de géneros literarios.

Va quedando bien claro que hay otra vida, pero que esa otra vida está ahí a tu lado o incluso estás, sin darte cuenta, sentado en ella. Esa otra vida está ahí, en un párrafo de Cervantes o en una metáfora de Umbral. “Ya le da a uno como cierto asco oír eso de que es un premio oficial [El Cervantes] y los premios oficiales ya se sabe. De oficial sólo tiene el dinero, y lo que se dirime en El Cervantes, desde los tiempos del propio Cervantes, que más o menos lo dijo, como en todo premio, es la rabia sonriente, la furia biempensante contra el que es evidentemente superior y primero, y esa evidencia es lo que llevan clavado en su alma de pechera almidonada. Lo dijo el maestro d’Ors: “En España, ser diferente es un pecado”.

 

Puedes adquirir el libro de Francisco Umbral ‘El tiempo reversible’, en:

http://circulodetiza.es/autores-2/francisco-umbral/

FacebookTwitterWhatsAppShare
Utilizamos cookies propias necesarias para el funcionamiento de esta web y de terceros para mejorar nuestros servicios de análisis con Google Analytics. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información en Política de cookies. ACEPTAR