Jordi Soler sobre Ernest Hemingway

“Es bien sabido que Ernest Hemingway escribía de pie, sobre un mueble alto, y que era capaz de escribir así durante muchas horas, apoyándose en una pierna y en otra, con una concentración hermética. También se sabe que la mayor parte de su obra la escribió en sus habitaciones, al lado de su cama, de pie frente a los muebles altos donde apoyaba sus cuadernos. Resulta sintomático que un escritor tan dado a la vida salvaje, tan entusiasta de la intemperie, se recluyera en la domesticidad más profunda, esa que tiene como centro la propia cama, para escribir sus libros. Hemingway era un hombre que pescaba en lancha y que cazaba leones en África, en condiciones tan aventureras que sobrevivió a dos accidentes de avión; también era reportero extremo y en la Guerra Civil española, además de las piezas periodísticas y los filones literarios que le dejó aquella experiencia, se implicó de manera descarada en el conflicto y aprovechó para aficionarse a los toros y a los toreros. En su vida íntima también reinaba una suerte de intemperie, tuvo relaciones desastrosas con varias mujeres, que produjeron hijos orientados hacia el desastre, y una relación estable y profunda, y a la larga también desastrosa, con el alcohol. En Hemingway todo era la intemperie, excepto su trabajo de escritor junto a su cama que produjo, como es natural, enormes obras de literatura afincadas en la intemperie.”

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