La cama como patria

Madrugar es un fracaso más. Eso he pensado esta misma mañana cuando a las siete estalló el reloj. También he pensado que todo lo mejor que me ha pasado en la vida ha sido después del mediodía, cuando he sentido el sol bien fuerte pellizcándome la piel y el cielo tenía el color de todos los veranos juntos. Madrugar ha sido para mí siempre un perfecto fracaso y he inventado todo tipo de excusas para no poner un pie fuera de la cama antes de las diez. Madrugar es un verbo glacial, para mí un verbo chino, islandés, un verbo hueco y frío como la Cueva de Nerja.

La cama es mi patria. Un refugio donde leer novelas policiacas, fumar o escuchar al saxofonista y pianista cubano Rafael Garcés. Un lugar para gobernar el mundo. “Unos gobiernan el mundo y otros son el mundo”, decía el poeta portugués Mario de Sá-Carneiro. En la cama se pasó los últimos diez años de vida el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti. En 1993, según cuenta el escritor Juan Tallón, un periodista contactó con él para pedirle un artículo sobre Europa, a lo que respondió: “¿Europa? ¿Pasa algo en Europa? ¿Pasa algo que merezca la atención? Lo que puedo escribirle si quiere es un artículo sobre mis recuerdos de infancia”, aseguró Onetti, a lo que añade Tallón: “Las cosas trascendentales, como leer a Hegel, se hacían perfectamente desde la cama, durmiendo”.

 

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