La dictadura del dato y del ingenio

A menudo vivo desactualizado. Como esos atlas amarillentos que sobreviven en las estanterías con países que han desaparecido: Yugoslavia, Checoslovaquia, la URRS… No enciendo la televisión. No me conecto a redes en varios días. Me dedico a desaprender, a perder adrede todos los datos. A drenar el cerebro de saturación informativa. Es como si me situara en un espacio donde no llegara los imputs de la vida, las embestidas de la muerte. Un lugar entre lo analógico y lo digital. Un lugar imposible como cuando lanzas una moneda y cae de canto. En ese lado imposible me muevo a veces, sin apetito alguno, como un hombre que habitara en la periferia de las cosas, sin estar seguro de nada, viviendo y dejando vivir, guardando silencio, hablando conmigo mismo, acariciando el lomo de mi libertad.

La gran desilusión.

“Vivimos sumergidos en un calculador de costumbres. Es la dictadura del dato. Hemos convertido las cifras, las magnitudes, no en herramientas del conocimiento, sino en fines de nuestro éxito. Y esto, sin contar a los runners, que ya no se llaman ni por el nombre, sino por su tiempo al kilómetro”, dice Javi Gómez en La gran desilusión.

Me encanta perder seguidores en redes. Fracasar tumbado en el sillón un día entero. Es toda una revolución que en la sociedad de la producción haya días que no haga ni el huevo. Que incluso me aburra boca arriba mirando el techo. Me importa bastante poco no alcanzar cierto ingenio. El necesario para obtener ciertas dosis de reconocimiento. Me pierde la nada, el vacío, el anonimato pleno. Soy más bien torpe, con las manos y con los pies. Y me caigo, una y otra vez, e incluso hay días que ni me levanto. Se está tan bien en el suelo, en el parqué este gris por donde ruedan algunas mañanas las pelusas, las miserias, las últimas hormigas buscando su refugio.

La vida instantánea.

“Vivimos bajo una creciente dictadura del ingenio. El ingenio está guay, ¿cómo no me va a gustar el ingenio? Lo valoro en Twitter, en la poesía, en los monólogos cómicos, en las columnas, hasta en la publicidad. Lo catastrófico es que lo ingenioso ha desbordado sus ámbitos habituales de acción para invadir el resto, una metástasis por todo el sistema del Capitalismo de Seducción. Hoy todo es o debe ser ingenioso”, explica  Sergio C. Fanjul en La vida instantánea.

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