Las cosas alegres de mi vida
A menudo, cuando veo un político en la televisión, me da un ataque de pánico y me quedo boca arriba en el sillón, sin poder hablar, bajo una fina lluvia de devastación irreparable.  Saco rápidamente mi blíster de ansiolíticos y recupero suavemente la identidad, que casi siempre llevo desdoblada en el bolsillo del bañador. Cuando recupero el color, apago la tele y me pongo a enumerar las cosas alegres de mi vida, todo eso que me cala y me llena y rellena como el interior de un calamar en Navidad.
elartedeperder

El arte de perder.

“Las cosas más alegres de mi vida son primero Zeda y luego la esperanza de que mi libro contenga algo extraordinario. Quiero que se me admire de nuevo por todo lo alto. A veces Zelda y yo nos dejamos llevar por terribles peleas que duran cuatro días y empiezan en medio de una juerga, pero seguimos estando tremendamente enamorados y casi somos el único matrimonio feliz que conozco”, escribe Scott Fitzgerald en El arte de perder.

Lo que más me alegra en mi vida es no tener que salir mucho de casa, que está ahora en verano arenosa, como las playas de Conil. Me alegra no amar a mucha gente, solo la justa, para concentrar todo mi amor en unos cuantos. Me alegra que nadie me invite a nada, ni a fiestas, ni a barbacoas, ni a ir a ver tirar los cohetes. Porque aquí, donde he vivido siempre, el idioma de verdad es un cohete. Y todo se empieza y se acaba así, disparando al cielo, disparando a la noche de verano, disparando a los poetas que leen en silencio. Todo se celebra con cohetes, diez mil fuegos artificiales desparramando humo, dinero quemado por una virgen o por un gol de chilena, por el Audi nuevo. La gran diversión de aquí son los cohetes, los petardos. A falta de pirámides o de librerías, la gente de aquí se muere por un cohete y así nos va…
“Hace unos años, un amigo mío se compró un Audi A3 con todos los extras y lo primero que hizo fue ir a ver a su padre, en busca de su aprobación. “Mira, hijo mío”, le dijo con cara de gran decepción. “Hay dos tipos de coches: los Mercedes y los otros”. Yo opino lo mismo sobre los entrenadores, por eso creo que cualquier partido de un equipo entrenado por Guardiola se puede considera un choque de estilos”, dice Rafa Cabeleira en Alienación indebida.
– Fotografía: Katja Kremenic
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