Me gusta que me hable como si me fuera a ir para siempre. Como si ya no hubiera tarde, noche o mañana. Como si en un rato ya no hubiera tiempo. Me gusta que me mire así, como se mira lo fungible, como se mira lo que está sin querer ya desapareciendo. Es hermoso haberla conocido. Es hermoso cenar con ella una noche y otra. Ella ladeada en la mesa y yo de frente a la televisión blanca que no encienden los niños, porque no tenemos niños, como Kafka. Como Vila-Matas. Como la vecina de al lado a la que vinieron a salvar hace nada los bomberos. Ella picotea ladeada, viendo las mentiras de la tele. Yo finjo que miro la tele cuando en verdad la estoy mirando siempre a ella.
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Caída Libre.

«A usted no le gusta oír la verdad. Me di cuenta hace mucho tiempo. Bueno, a mí hay muchas cosas que no me gustan en esta casa y lo mismo tengo que aguantármelas. Muchas, muchas cosas. Como tanto picoteo entre comidas. En esta casa de locos todo el mundo se la pasa picoteando. Y cuando preparo un plato riquísimo, nadie lo come. Además, el señor es un maniático, siempre tiene miedo de que le ponga algo malo a la comida (a lo mejor cree que lo voy a envenenar) y nunca dice nada bueno sobre lo que le cocino», dice Sue Kaufman en Caída libre.
No recuerdo un solo día en la vida que no haya sonreído. La gente siempre me dice: Luis, qué simpático eres. A veces, cuando hay mucha gente, me pongo estupendo. Y digo todo lo que se me pasa por la cabeza. Digo que aún no salí del estadio estético. Que soy feliz en esta eterna adolescencia encubierta. Que soy feliz, como Aquiles, en el gineceo de mi tiempo. Me pongo estupendo y digo cosas. Y la gente quiere que siga, mientras se lleva a la boca el paté, el ajobacalao, las patatas tiernas. La gente quiere que no pare, que siga poniéndome estupendo, la gente no quiere que me vaya nunca, que me haga viejo.
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Fuera de carta.

«En junio de 1963, John Fitzgerald Kennedy viajaba a Inglaterra y era objeto de una cena oficial por parte del primer ministro. La esposa de este escribió a la primera dama para conocer los gustos del hombre más poderoso del mundo. «Cualquier cosa que usted prepararía para una cena cotidiana entre semana. Sus gustos son extremadamente normales. Comida simple, comida infantil, buena comida… Le gusta todo», aseguran Rodrigo Varona y Javier Márquez Sánchez en Fuera de Carta.
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