Con menos salud y dinero

 

No sé vivir sin París. Como no sé vivir ya sin ti o sin quedarme descalzo en los aeropuertos. Si yo tuviera la fuerza de no hacer nada, no haría nada, solamente pensaría en París, andaría y andaría por París hasta caer al suelo y ver mi cara del sur temblando sobre un charco sucio de lluvia. Lo mismo sabe alguien cómo, después de estar allí, puede uno seguir viviendo sin estarlo. 

 

Iba como siempre pensando en otra cosa, pensando en la historia secreta que esconden las calles de París, la historia oculta como un iceberg, cuando caí en la cuenta que había llegado a la rue Vaugirard. Allí, en el número 58, vivieron Scott Fitzgerald y Zelda, ricos y felices, respirando alcohol. Anticipando ansiedades. Corazón y fuego.

 

Aquí en París se conocieron Scott y Hemingway, en un bar que ya no existe, en la misma calle donde tenía su taller Duchamp, que tampoco existe. ¿Qué existe entonces ya? Allí se conocieron y fueron amigos y enemigos, y hubo cartas:

 

“Lamento que no vinieras a Marsella. Regreso con mi novela aún sin terminar y con menos salud y no mucho más dinero del que tenía cuando me fui, pero en cierto modo contento, por ahora, con la mudanza y con Nueva York y con Zelda totalmente recuperada y satisfecho con la parte del libro que llevo escrita. Estoy encantado con las noticias que he visto de Fiesta. No me había dado cuenta que me habías robado todo, pero estoy dispuesto a creerlo y contárselo a todo el mundo. Dicho sea de paso, el libro impreso me gustó incluso más que el manuscrito”, le dice Scott Fitzgerald a Hemingway en una de las cartas recogidas en El arte de perder.

 

Puedes adquirir El arte de perder en:

https://circulodetiza.es/libros/

FacebookTwitterWhatsAppShare
Utilizamos cookies propias necesarias para el funcionamiento de esta web y de terceros para mejorar nuestros servicios de análisis con Google Analytics. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información en Política de cookies. ACEPTAR
Aviso de cookies