Que no haya nadie en casa ayuda a escribir

 

Mirar al techo ayuda a escribir. Mirar esa masa blanca, perfecta, que alguna vez agrietará un terremoto o un vecino. Mirar al techo, boca arriba, como Jep Gambardella. Mirar los quicios, alguna pared, y escribir en la cabeza. 

 

A encontrar ideas para escribir ayudan muchas cosas. Una buena siesta. Lo recomienda Patricia Highsmith en Sus…pense: “Un sueñecito ahorra tiempo en lugar de malgastarlo. Me duermo con el problema y me despierto con la respuesta”.

 

Escuchar a Ella Fitzgerald ayuda a escribir. Ver películas de Hitchcock. Ver películas de Truffaut. Leer a Manuel Astur o a Sergio del Molino ayuda a escribir. A Alicia Kopf. Leer a Leila Guerriero o a Martín Caparrós ayuda a escribir. “Cuidar un jardín ayuda a escribir. Mirar por la ventana ayuda a escribir. Viajar a un sitio en el que no se ha estado antes ayuda a escribir. Conducir por una ruta un día de verano ayuda a escribir. Correr ayuda a escribir. Que no haya nadie en la casa ayuda a escribir. Volver a la casa de la infancia ayuda a escribir”, dice Leila en Zona de obras.

 

¿Quién no vuelve alguna vez a la casa de la infancia? La casa con callejón trasero, sucio como una alberca. La casa donde aprendimos a leer. A soñar. A amar. A olvidar. A buscar en la guía de teléfono. A buscarte sin parar. “En parte, la vida va de eso, de dar vueltas sin parar, como un idiota, sin ningún sentido especial”, escribe Juan Tallón en Mientras haya bares.

 

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