Otra realidad indecible

A veces, como no tengo mucho que hacer, me pongo en secreto a seguir a la gente. Voy detrás de ellos sin que se me note. Desde siempre he disimulado bastante bien. Si me dedico a seguir a una persona varios días, me familiarizo con sus parejas, con sus amigos. Con los gatos o los perros que llevan en los bolsos. Con sus coches grises. A todo le cojo cariño. Y luego les echo de menos. Y me pongo en mi cabeza a interpretar cómo son sus vidas.

Impón tu suerte

Ahora, que desde principios de julio vivo en París, seguir a gente es mi pasión. El otro día, por el bulevar de Saint-Germain-des-Pres, seguí a una mujer que se parecía a Sophie Calle. Delgada, pelo corto, algo más de sesenta años. La esperé a que se bebiera su café en el Flore y luego a que bajara, con un libro amarillo entre las manos, por la calle Saint-Benoit, donde tenía su buhardilla Marguerite Duras.

“A Duras había que leerla con un mínimo de atención para comprender que cuanto más avanzaba hacia el centro de su laberinto verbal, más se acercaba a lo indecible. Según Laura Adler, en aquellos largos días de los años cincuenta, Duras percibía en las palabras sonidos humanos y no solo mensajes intelectuales. Y si estaba tan obsesionada con escribir era porque creía que podía alcanzar, más allá de las palabras, otra realidad indecible”, escribe Enrique Vila-Matas en Impón tu suerte.

hambrederealidad

Hambre de realidad.

Luego he tomado distancia con ella y la he visto desaparecer por las callejuelas estrechas de Saint-Germain. Varias horas después, cuando creía que ya nunca más la volvería a ver, nos hemos cruzado e inmediatamente ha entrado en un edificio antiguo, pardusco. He esperado unos minutos por si bajaba. Pero nada. Luego he visto encenderse una luz en lo más alto y allí, en una pared como el Everest, he podido observar su sombra deformada bajo una jirafa disecada, una jirafa que la miraba desde otra realidad, con ironía y demasiada tristeza. He sentido un cierto horror y he empezado a correr, mientras notaba como me abandonaban todas las palabras.

“La cosa más política que puedo hacer es interpretar la vida de la gente, incluida la mía, de modo tal que provoque interés, empatía, cuestionamientos  o incluso antipatía por lo que están viendo, pero que, de alguna manera, los comprometa a mirar la vida como se vive realmente y a reaccionar ante ello”, dice David Shields en Hambre de realidad.

Fotografía: Cyril Jayant

 

Puedes adquirir Impón tu suerte o Hambre de realidad en:

https://circulodetiza.es/libros/

FacebookTwitterWhatsAppShare
Utilizamos cookies propias necesarias para el funcionamiento de esta web y de terceros para mejorar nuestros servicios de análisis con Google Analytics. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información en Política de cookies. ACEPTAR
Aviso de cookies