Papá, papá

Era tu padre pero también digo ahora que era el mío, porque era un buen hombre y yo quiero ser hijo de cualquier buen hombre del mundo, quiero ser hijo de todos los padres buenos, de todas las madres buenas del mundo, yo que no soy padre solo hijo, como Kafka, hijo sin hijo, hijo que quiere a su padre, a tu padre, que es también el mío, sabes, porque a mí también me duele cuando a ti te duele y solo se me ocurre tirar de palabras, no se me ocurre otra cosa que abrigarte con palabras, cuando la ausencia nos arde por dentro de frío y nos borra del mapa, el frío borrando los árboles, los coches, la gente, el frío borrando el silencio.

Me dices: “Escribe de mi padre”, y una luz se te enciende en la profundidad de la cueva de los ojos, una luz que asoma solo cuando piensas en tu padre, cuando se te viene una y otra vez tu padre a la orilla, cuando dices su nombre dormida, lo llamas y yo lo escucho y no sé donde meterme, donde meter mis pedazos, los trozos de mí mismo, esos días en que lo llamas de noche, dices Papá, papá, y yo sé que está de alguna manera ahí contigo, que ha venido a verte en sueños a la cama… Oh tu padre, mi padre, qué bueno era, y por eso le escribo en este diario que lleva diez hojas, lo traigo al presente, lo dejo ahí latiendo en las frases, en las comas y en los puntos, en las tildes, lo traigo ahora aquí al diario, a lo íntimo, donde me rajo en canal las entrañas los domingos.

Recomendaciones

  1. Darse un baño de silencios y buen cine con las películas de Andrei Zvyagintsev.
  2. dondevamosabailarestanoche

    ¿Dónde vamos a bailar esta noche?, de Javier Aznar.

    Tomar café en el Royal, en Piccadilly Circus, y escuchar de fondo a Gabriela Anders.

  3. Leer ¿Dónde vamos a bailar esta noche?, de Javier Aznar. Párrafo al azar: “A veces mataría por cinco minutos en aquel Londres. Un amigo vive allí ahora. Me ha invitado a pasar unos días en su casa. Estoy mirando billetes de avión. Aún no sé si iré. Ahora todo el mundo parece que vive en Londres. Pero nadie vivió en mi Londres. Es tan único que en mi recuerdo adulterado Londres es una ciudad soleada. Estoy intentando hablar aquí del olor de la eterna juventud. De ese olor que nunca te abandona por muchas veces que te duches. Del olor de las cosas imposibles. Del olor del sol de Londres”.

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