Recuerdos como ficciones

Como la realidad sólo cobra forma en la memoria me he dado esta tarde una vuelta por allí y he visto a gente que nunca había visto, cosas que si pasaron no parece que me pasaron a mí. Y no sé, si esa realidad que he palpado cuando he cerrado los ojos, que casi he tocado sin tocar, no era otra vez nada más que una ficción. Y he llorado riendo, que es como se llora aquí en el sur, en este paraíso de sol congelado y cielo de un azul que no existe. Uno sobrevive de recuerdos. Uno sobrevive también mirando hacia atrás, mirando a ese mundo donde la vida sigue bailando, sigue pasando de otro modo. “Consciente o inconscientemente, manipulamos nuestros recuerdos para incluir u omitir ciertos aspectos. ¿Son nuestros recuerdos, por consiguiente, ficciones?”, dice Duff en Hambre de realidad, el librazo de David Shields.

Sí, son ficciones. ¿Qué otra cosa puede ser algo que está ahí flotando en la cabeza, un día y otro? Nada será como sucedió. Nada será como pasó ese día. ¿Cuándo sé que estoy incubando un recuerdo? ¿Cuándo sé que lo que estoy viviendo lo recordaré? ¿Cuándo sé que lo que vivo lo recordaré y no lo olvidaré? “Todos los recuerdos se olvidan. Los recuerdos se basan en la pérdida. Al recordar rescatamos del olvido las experiencias olvidadas. Es necesario que se las rescate porque han llegado a su fin”.

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