A romperme los huesos

No sufro tanto como cuando sueño que me caso y estoy esperando a la novia, a la novia cadáver, en el altar de la iglesia del pueblo, allí esperando un buen rato, un rato que cuando sueño se me hace eterno, y la novia no llega nunca, la novia no tiene cara, no existe la novia que viene en el sueño a casarse, a romperme despacio los huesos. La novia blanca como la tiza o el papel, con su ramo y su velo, y su horquilla, la novia que no viene. Y sufro como si en vez de soñar con la novia soñara con serpientes y me despierto sediento, como de estar acostado en el Gobi, me despierto y corro buscando el aire, pero en verano aquí nunca hay aire, y esnifo entonces agua, torrentes de agua de mar del tarro rojo de Rhinomer. “Casarme, mañana”, me digo, recordando a Kafka. Casarme mañana siempre, y me pongo a correr por la casa entre el terral y la asfixia, porque, creo que no lo he dicho, tengo apnea del sueño, una leve apnea del sueño que se acrecienta cuando sueño que me caso, que espero allí arriba a la novia, que pienso de pronto que no viene porque es escritora y ha quedado con ella misma para escribir.

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Para ser escritor.

“Después de vestirte, siéntate un momento a solas y planifica el día que tienes por delante. Normalmente podrás decir con bastante exactitud cuáles serán sus exigencias y oportunidades; a grandes rasgos, al menos, puedes trazar la mayor parte del programa del día, tanto como para saber cuándo tendrás unos momentos para ti mismo. No hace falta que sea mucho tiempo; con quince minutos te bastará, y no existe casi ningún trabajo tan esclavo como para no arrancarle un cuarto de hora al día más ajetreado, si te lo tomas en serio. Decide cuándo te tomarás un rato para escribir. Porque, en este rato, escribirás”, dice Dorothea Brande, en el libro Para ser escritor.

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La importancia de no entenderlo todo.

No existen sueños decisivos como Piglia dice que no existen años decisivos. Paro para mí, ese sueño de casarme, me aterroriza y cuando aparece me arrincona el subconsciente y noto yo en el sueño que sé, que cuando despierte, voy a ponerme escribir, a quedar para escribir, y explicarme lo que sueño.

“Una de las razones por las que el escritor se interesa mucho más por la vida que otras personas que simplemente se dedican a vivir es que el escritor finge ser un especialista en algo (la vida) sobre lo que no sabe nada. Si escribe es para poder explicárselo todo a sí mismo, y seguramente escribirá más cuando menos sepa”, escribe la gran Grace Paley en La importancia de no entenderlo todo.

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