Un libro lleva a otro libro

 

– “Anillos, alianzas, varios relojes (aún funcionando), apuntes manuscritos, guantes, cepillos de dientes, neceseres, bolsitas de maquillaje, mochilas, abonos de transporte, monederos medio calcinados, pequeños cubiertos de acero para la comida de los que vivieron pegados al tupper, monturas de gafas, bolígrafos, paraguas, restos de teléfonos móviles, libretas, agendas…y libros. Los libros de los que iban leyendo y no se calcinaron, las últimas palabras de algunos. Encuentro varios ejemplares de la última novela de J.K. Rowling, ‘Harry Potter y la orden del Fénix’; una Biblia de Jerusalén en edición de bolsillo, un libro de botánica, un ejemplar de ‘El dardo de la palabra’ de Lázaro Carreter y ‘2666’ de Bolaño”. (Cosas que brillan cuando están rotas – Nuria Labari)

 

– “En su ensayo brillante ‘Modos de narrar’, Ricardo Piglia se pregunta cómo empezaron los hombres a contarse historias. Y supone dos orígenes posibles: que “el primer narrador se alejó de la cueva, quizá buscando algo, persiguiendo una presa, cruzó un río y luego un monte y desembocó en un valle y vio algo ahí, extraordinario para él, y volvió para contar esa historia”: el viaje como primer relato. O, si no, “podríamos imaginar que el otro primer narrador ha sido el adivino de la tribu, el que narra una historia posible a partir de rastros y vestigios oscuros. Hay unas huellas, unos indicios que no se terminan de comprender, es necesario descifrarlos y descifrarlos es construir un relato”. (Lacrónica – Martín Caparrós)

 

– “Tener miedo no ayuda a escribir. Que haya viento no ayuda a escribir. Que no haya nadie en la casa ayuda a escribir. Leer a Idea Vilariño ayuda a escribir. Leer a Claudio Bertoni ayuda a escribir. Leer la introducción a ‘Cantos de marineros en las pampas’, de Fogwill, ayuda a escribir. Leer ‘El libro de la almohada’, de Sei Shonagon, ayuda a escribir”. (Zona de obras – Leila Guerriero)

 

– “Cuando en 1965 hice mi primer viaje a San Francisco estaba en plena ebullición la novela ‘On the road’, de Jack Kerouac, de cuya publicación se cumple ahora el cincuenta aniversario. La estampida se había iniciado unos años antes desde Nueva York. Por todas las carreteras de California se veían jóvenes a bordo de cadillacs desvencijados o sacando el dedo en la cuneta, con vaqueros raídos, botas podridas, camisas abiertas de leñador y un saco de lona al hombro lleno de abalorios entre los que brillaba una navaja para fabricar amuletos de cuero o desollar iguanas”. (Radical libre. Manuel Vicent)

 

Puedes consultar y adquirir estos y otros títulos de nuestra colección en:

http://circulodetiza.es/autores-2/

 

FacebookTwitterWhatsAppShare
Utilizamos cookies propias necesarias para el funcionamiento de esta web y de terceros para mejorar nuestros servicios de análisis con Google Analytics. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información en Política de cookies. ACEPTAR
Aviso de cookies