Variaciones del yo

En breve dejaré la ficción. Comenzaré un diario. El diario interior de los domingos. Escribiré todo eso que me pasa o que creo que me pasa cuando no me pasa nada. Comenzaré el primer domingo del año y durante todas las semanas de mis cuarenta, escribiré por primera vez un diario, escribiré un diario para comprenderme. Al final, escribir es el camino más productivo de mi naturaleza, el más sensato. Para lo demás no sirvo. No sé hacer otra cosa, de verdad. No sé arreglar grifos, ni coches, ni montar muebles, ni pintar cuadros. No sé tocar el saxo. Ni el piano. Ni juego bien al fútbol. Lo único que sé es escribir, escribir para mí mismo y en lo demás soy una cáscara humana, un cero gordo, redondo, un gran cero a la izquierda. Escribir es mi verbo. El que llevo tatuado sin querer en las sienes. Poner una palabra y otra. Escribir de corrido. Espontáneamente. Como un beat durante un viaje por carretera. Escribir, escribir, escribir. Es lo que me gusta.

hambrederealidad

Hambre de realidad.

“En su quietud, los ensayistas meditan sobre el amor y la muerte. Solo el espacio interior -interesante, activo, significante- puede dar a luz un ensayo contemplativo. A diferencia de las novelas, los ensayos emergen de las sensaciones del yo. La ficción se cuela sigilosamente en cuerpos extraños: el novelista puede habitar, no sólo un sexo distinto del suyo, sino insectos y narices y artistas del hambre y nómadas y bestias. El ensayo es personal”, asegura David Shields en Hambre de realidad. nuevaslecturascomvulsivasmovil

En mi diario podré pensarme. En mi diario me puedo pensar pensando, que decía alguien. En un diario, en un diario de domingo, puedo escribirme, describirme, huir de la ficción, encajar y pegar todos mis pedazos. Mis fragmentos. Mis trozos de vida. Escribir lento, como cuando el anís baja por las paredes de un vaso. Escribir profundo, como si lo hiciera desde el fondo de un pantano.

“No en vano Montaigne fue el modelo de Josep Pla, para volver a nuestro tiempo. También él vivió en un país agotado por una atroz guerra civil, rodeado por las fieras que sojuzgaban a un pueblo apático y atontado. Algunos libros de Pla, tan próximos a la engañosa sencillez y a la elegancia sin presunción del francés, sigue ofreciendo la prosa más lúcida de quien se sabe impotente, sometido a esclavitud moral en su propio país, pero invicto”, escribe Félix de Azúa en Nuevas lecturas compulsivas.

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