Viajando por Japón y Las Galápagos

 

-“Vamos de Kobe a Yokohama por diversos caminos. Esto exige pasaporte, porque viajamos por el interior y ya no bordeando la costa en barco. Hemos tomado una vía férrea que puede que esté y puede que no esté completada a mitad del trayecto, y nos desviamos de ella, esté completa o no, según nuestro criterio. El viaje debería llevarnos unos veinte días e incluye cuarenta o cincuenta millas en bicitaxi, una ruta por un lago y, supongo, algunas chinches”. (El paisaje del alma. Rudyard Kipling).

 

– “Doblamos el extremo suroccidental de isla Isabela, y al día siguiente tuvimos calma chicha entre esta e isla Fernandina. Hay en ambas inmensos regueros de lava negra y desnuda, los cuales, ya fuera desbordando las grandes calderas, o emanados de los orificios más pequeños a los flancos, cubrieron en su descenso kilómetros enteros de la costa. Se tiene constancia en ambas islas de erupciones ocasionales; y en Isabela vimos una pequeña columna de humo en la cima de uno de los cráteres más imponentes. Por la tarde echamos el ancha en Bahía Banks, en la isla Isabela”. (Las encantadas. Derivas por Galápagos. Charles Darwin).

 

– Todo turista extranjero ha observado que la cortesía y la urbanidad son rasgos típicos del carácter japonés. La cortesía es una pobre virtud cuando sólo está motivada por el miedo de ofender al buen gusto, ya que debe ser la manifestación externa de una consideración empática hacia los sentimientos de los demás. También implica una debida consideración hacia la conveniencia de las cosas y, por consiguiente, a las posiciones sociales”. (El paisaje del alma. Inazo Nitobe)

 

-“Es más, tal es la viveza de mis recuerdos o tal la magia de mi imaginación, que no sé si en ocasiones soy víctima de una ilusión óptica con respecto a las Galápagos. Porque a menudo, en reuniones sociales, bajo la luz de los candelabros de mansiones antiguas donde las sombras se proyectan sobre los rincones más alejados de una sala angular y espaciosa, semejante a la maleza embrujada de bosques solitarios, mi mirada perdida y el repentino cambio de mi semblante han llamado la atención de mis compañeros, pues he creído ver, emergiendo lentamente de esas soledades imaginarias y arrastrándose pesadamente por el suelo, el fantasma de una tortuga gigante, con la leyenda ‘Memento’ escrita con letras ardientes sobre su dorso”. (Las encantadas. Derivas por Galápagos. Herman Melville).

 

Puede adquirir estos libros en: 

http://circulodetiza.es/autores-2/

FacebookTwitterWhatsAppShare
Utilizamos cookies propias necesarias para el funcionamiento de esta web y de terceros para mejorar nuestros servicios de análisis con Google Analytics. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información en Política de cookies. ACEPTAR