Los «Comet Wines»

31 mayo 2026

Cualquiera de vosotros que hayáis estado de turismo por el espacio, comprenderéis a Mike Massimino.

El veterano astronauta americano, durante una misión para actualizar el telescopio Hubble en 2002, lloró a moco tendido cuando vio por primera vez, desde su nave, la belleza de una canica azul flotando en el abismo: era su planeta, la Tierra.

«Los humanos no estamos hechos para ver algo tan hermoso», afirmó en una entrevista. Tras la llantina, tuvo que luchar con denuedo contra sus propias lágrimas: debía evitar a toda costa que se le siguiera empañando el casco.

«Hay una dimensión de lo absoluto que no es forzosamente religiosa, con la que convivimos todos los seres humanos. Esa fuerza es la que ha impulsado el arte y las grandes creaciones. A fuerza de ver muchas cosas todos los días hemos perdido la capacidad de mirar. Recomiendo un simple ejercicio: observe usted a su alrededor y fíjese en un objeto que le llame la atención. Reténgalo en su memoria durante unos segundos y cuando lo vuelva a contemplar se dará cuenta de elementos que no había percibido. Y es que la realidad siempre es un misterio», asegura Pedro G. Cuartango en «Elogio de la quietud».

Dicen que cuando aparece un cometa nacen vinos excepcionales. Así ocurrió cuando el Flaugergues C/1811 F1 cruzó el firmamento a comienzos del siglo XIX.

Fue visible durante meses y trajo una vendimia excepcional en toda Europa: los vinos de Burdeos, Borgoña, Oporto y Jerez de 1811 se convirtieron en legendarios y se les conocen como los comet wines.

La casa Christie´s subastó, a finales de los ochenta, una botella original, de vidrio soplado a mano, de Château Lafite-Rothschild 1811, una añada que está considerada como una de las mejores de todos los tiempos.

«El Orient Express acaba de detenerse en una estación pocas horas después de partir desde Estambul. A bordo viajan James Bond y la agente de la KGB Tatiana Romanova, ambos bajo la tapadera del matrimonio Somerset. Su plan es cruzar la frontera con Trieste para poner así a salvo a la espía desertora junto con la máquina decodificadora Lektor. Para ayudar a Bond, sube al tren en esa estación otro agente de la inteligencia británica, el capitán Nash. Los tres acuden a cenar al vagón restaurante. «Lenguado a la parrilla», escoge 007: «Para la señora también». Nash confirma al camarero que serán tres lenguados. Para beber, Bond encarga un blanc de blancs. «Y para usted?», pregunta el camarero al otro hombre. «Para mí, un Chianti», anuncia Nash. «¿Chianti blanco, señor?» «No, no. tinto», escriben Rodrigo Varona y Javier Márquez Sánchez en «Fuera de carta».

Consigue «Elogio de la quietud» y «Fuera de carta» en el siguiente enlace: https://circulodetiza.es/libros/

 

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