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El Correo – Círculo de Tiza

Extracto del medio de comunicación

Literatura para ‘voyeurs’

 

Recibir un manuscrito en tercera persona es hoy tan raro que, de suceder, nos sonaría a novela del siglo XIX. Relatos en primera persona es lo único que vemos». Esta ‘confesión’ es de Eva Serrano, fundadora y directora editorial del sello Círculo de Tiza. Con su experiencia particular traslada una deriva social que alcanza, y supera, la categoría de tendencia. Esta es otra cosa de la exaltación del ‘yo’ como pretexto para casi todo. Y los libros, siempre testigos de su tiempo, no iban a ser menos.

La propia vida, desnuda y con detalle; los recueros de la infancia, la familia, las glorias y las miserias más íntimas, lo más pequeño y lo más cercano, se han convertido hoy en un argumento omnipresente en las novedades editoriales. Las cifras tendrán que decir si también es el que más vende; pero lo cierto es que cada vez son más los autores que se prestan a ese juego exhibicionista con sus lectores. Si no, ¿por qué íbamos a conocer algo de la personalidad desbordante del padre de Elvira Lindo gracias a su ‘A corazón abierto’ (título que deja lugar a pocas dudas)? En realidad, se dice que al escribir siempre se habla de uno mismo. Pero ahora se hace otra forma, más obvia quizá.

Pueda antojarse algo tarde para hablar del ‘boom’ de la autoficción, la literatura del yo, el relato en primera persona o como se quiera llamar a este ‘no género’ –por lo transgresor– que gana terreno en las preferencias de los lectores. De hecho, hace una década que Luis Goytisol ya hiciera lo propio con ‘Cosas que pasan’, Andrés Trapiello (de vuelta ahora con sus confesiones íntimas sobre Madrid) con la publicación de su diarios personales o, muchísimo antes, Francisco Umbral en ‘Mortal y rosa’, la catarsis literaria más absoluta tras la muerte de su hijo.

Sí, no es nuevo que un autor se desnude en sus textos. Pero lo que hace décadas podría ser una parte del panorama, desde hace unos años mucho de él huele a ‘autoficción’. ¿Qué sucede? Es algo que también se ve en la producción audiovisual. Ahora los documentales que recrean episodios y personajes históricos, y las películas y series basadas en hechos reales triunfan en las plataformas de ‘streaming’. ¿Está el público saturado de invención? ¿O hay crisis de creatividad?

«Me parece bonito el aire de verosimilitud que le da a las historias. El autor pone así en valor pequeños hechos, que eleva a categoría de literatura»EMILI ALBI | RESPONSABLE DE LA EDITORIAL ARIEL (GRUPO PLANETA)

Los editores consultados creen que ni lo uno ni lo otro. El motivo de este cambio de tendencia puede tener más que ver con que hemos cambiado la forma de estar en sociedad. Y coinciden en señalar a las redes sociales como impulsoras de ese cambio. Eso sí, cada uno lo ve desde un punto de vista diferente.

«No creo que haya crisis de creatividad o de inventiva, sino que los escritores han encontrado el valor de lo sucedido como argumento narrativo; la vida como material novelable. Y es que la realidad está ahí para estirarla y jugar con ella», reflexiona Emili Albi, responsable ahora de publicaciones de la editorial Ariel (Grupo Planeta). «Creo que las redes sociales tienen mucho que ver con esto. Han hecho que todos nos convirtamos en narradores de nosotros mismos y eso, a su vez, hace que todos estemos necesitados de centrarnos de algún modo en nosotros… Creo que de ahí viene esa tendencia. Lo que se ve en las redes, personas que cuentan su día a día de otra forma, ha despertado en los escritores también otra forma de hacer lo que siempre han hecho», añade, al referirse al ejercicio por parte de cualquier escritor al plasmar parte de sí mismo en su obra.

Quizá eso no ha cambiado, pero sí el formato. El editor de Ariel habla con entusiasmo del fenómeno: «Me parece bonito el aire de verosimilitud que le da a las historias. El ejercicio de escribir se ha convertido en algo más honesto… El autor puede decir a sus lectores: os lo cuento como ha sucedido. Ponen así en valor pequeños hechos, que elevan a categoría de literatura».

Eva Serrano le sigue en su reflexión, pero hace notar que la influencia de las redes sociales de ida y vuelta. Es decir, los autores también se muestran como el resto de la sociedad; pero, a su vez, el éxito se basa en que mucha gente, en muchas partes del mundo, dedica buena parte de su tiempo libre a mirar la vida de los otros a través de las publicaciones en Instagram y demás redes sociales de moda. «Somos una sociedad de exhibicionistas, sí; y al mismo tiempo de mirones. Somos una sociedad eminentemente narcisista; cada vez tenemos más necesidad de vernos reflejados en todo», advierte.

En esta tendencia, cree Serrano, también influye el contexto global actual. «Creo que a la hora de valorar el contenido de un libro, el público necesita cosas muy reconocibles en una época en la que lo ajeno nos resulta amenazante; cuanto más global es el mundo, más necesitamos cosas cercanas. Además, cuando la realidad se ha convertido en algo tan distópico, las cosas pequeñas, el pasado reciente, funcionan porque le futuro es incomprensible», añade la editora. Recuerda cuando se puso de moda allá por al año 2000 las novelas que contaban historias que se desarrollaban en países exóticos. Eso ha pasado.

«Salvo la ciencia ficción y la novela policiaca, que tienen su propio camino, el relato en tercera persona de las grandes novelas antiguas está casi desaparecido»EVA SERRANO | DIRECTORA EDITORIAL DE CÍRCULO DE TIZA

Cita, por ejemplo, a Sergio del Molino contando su experiencia con la enfermedad propia en ‘La piel’ (Alfaguara) después de triunfar contando su visión de ‘La España vacía’ (con la que hasta acuñó un término) o la reveladora ‘Panza de burro’, el primer libro de Andrea Abreu, que lleva más de 20.000 ejemplares vendidos, en el que narra, seguramente sacado de su recuerdo, el despertar a la vida de un grupo de niñas en un pueblo situado al norte de Tenerife.

Sobre este último, la editora reflexiona sobre los géneros. ¿Es este último ejemplo autoficción o nutre el recuerdo un relato que no llega a serlo? ¿Sucede lo mismo con ‘Malaherba’ (Alfaguara) de Manuel Jabois, también nacido al calor de los recuerdos de la infancia? Es difícil de delimitar. «Muchas veces un libro es una forma de contar cosas que no te atreverías de otro modo. Y, en realidad, al final solo es el 50% del relato de ti mismo», defiende. «Otra cosa es que lo hagas de forma más o menos evidente», dice.

Así, más que el auge de la ‘autoficción’, como le llaman, se diría que la línea entre los géneros es cada vez más difusa y la experiencia personal es más atractiva para narrar. En esta línea se encuentra otra de las obras revelación recientes, ‘Feria’, de Ana Iris Simón, editada por la propia Círculo de Tiza. En ella la autora habla poco de sí misma, pero mucho de su familia para tocar otros temas con los que puede conectar cualquier lector como son los abismos generacionales, los grandes cambios sociales a los que ha asistido España en las últimas décadas o, sin ir más lejos, la decepción vital de toda una generación que compró un ideal de éxito que ahora hace aguas.

Así, concluye Serrano, «salvo la ciencia ficción y la novela policiaca, que tienen su propio camino, el relato en tercera persona de las grandes novelas antiguas está casi desaparecido».

Lo que sí tienen claro los editores es que el libro no ha perdido su capacidad de servir de psicoanálisis, de catalizador del caos personal de cada cual, para poner luz en su existencia.

«¿Qué es si no ‘Instrumental’, de James Rodes, cuando salió a la luz con Blackie Blooks para narrar el horror de las violaciones que había sufrido en la infancia y cómo la música lo redimió? Es un libro terapéutico; una catarsis total», recuerda Emili Albi como ejemplo del género más obvio, mientras recuerda a otros grandes que cultivaron este género, como Manuel Vilas en ‘Ordesa’ (Ed. Alfaguara).

¿Cuánto durará? Las nuevas generaciones, acostumbradas al juego impúdico de las redes sociales, parece que darán larga vida a esta tendencia. Sobre todo si, como dicen los editores, continúa esta racha en la que «se escribe más que nunca».

ALGUNOS EJEMPLOS

‘La piel’, de Sergio del Molino

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La psoriasis, enfermedad de la piel, que sufre el autor de ‘La España vacía’ sirve como pretexto para enhebrar unas memorias salpicadas de referencias históricas que hacen de su obra un libro extraño en el que se desnuda y, a la vez, fabula. Ni memorias ni ensayo ni novela, es el claro exponente de la era del ‘no género’.

‘A corazón abierto’, de Elvira Lindo

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La madre de ‘Manolito Gafotas’ protagoniza uno de los ejercicios más evidentes de desnudez autobiográfica en su último libro, en el que novela la vida de sus padres, de su familia, desgranando sus recuerdos más personales. Quizá sea esta la novedad editorial que más evidencia el auge de la ‘autoficción’.

‘Feria’, de Ana Iris Simón

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Dice su editora que habla de su familia, pero no tanto de ella misma. ¿Acaso la esencia de uno no está ahí, en la familia? Ana Iris Simón da que hablar con ‘Feria’ (Ed. Círculo de Tiza) un libro en el que cuenta –casi como habla– las sencillas visicitudes de una familia de feriantes manchegos. La suya.

‘Tras los pasos de Jane Austen’, de Espido Freire

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Hasta un género atado a la realidad como el ensayo se deja llevar por esta tendecia. Sucede por ejemplo con el último libro publicado por Espido Freire, ‘Tras los pasos de Jane Austen’ (Ed. Ariel) donde el relato histórico está impregnado de sus motivaciones, su visión y su viaje personal en su investigación sobre la autora.

‘No entres dócilmente en esa noche quieta’, Ricardo MenéndezSalmón

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Este libro editado por Seix Barral es una oda al padre perdido. El escritor asturiano bucea en los recuerdos familiares para mostrarse, de algún modo, a sí mismo. Con emoción y con honestidad, cuenta ese momento de la madurez en la que toca perder. Otro rasgo, el de la sinceridad, que define el momento editorial.

Un ejercicio para todos

Quienes tienen el talento, elevan la experiencia personal a categoría de literatura. Pero la terapia que supone escribir no está reservada para quienes hayan tenido el privilegio de ser ‘tocados’ con la varita mágica de una editorial. Muchos libros han nacido tras el consejo de un especialista que puso a su paciente a escribir como terapia, pero los propios psicólogos recomiendan la escritura como una rutina saludable para el bienestar mental vea o no la luz finalmente ese texto. «Profundizan en nuestra conciencia y permiten analizar quién soy, cómo me siento, qué priorizo en mi vida cotidiana y qué es importante para mí y los que me acompañan», valora José Antonio Luengo, secretario general del Colegio de la Psicólogía de Madrid. Este hábito, en el que los especialistas ven un ejercicio de introspección muy valioso, es especialmente recomendable «en momentos de zozobra y cambios sustantivos en nuestras rutinas».

–¿No puede derivar en cierto malestar el hecho de revisar las experiencia constantemente?

–Podríamos encontrar algún supuesto en que esta experiencia generase algún tipo de sufrimiento. Es posible, claro. No obstante, aunque en algún momento podamos dejar el bolígrafo o las teclas sintiendo cierta nostalgia o pena por lo que acabamos de escribir, debemos entender que estas experiencias también pueden ser recomendables si sabemos integrarlas en nuestros estar y ser actuales. Podemos sentir emociones dolorosas al escribir aspectos de nuestro pasado o presente que nos producen dolor. Pero esa experiencia no tiene por qué ser perjudicial. Cada persona deberá valorar su impacto e interpretar por dónde orientar nuevas reflexiones. Lo importante es poder sentir, cuando cerramos el cuaderno o el ordenador, que hemos encontrado espacios en nuestra vida que hemos conseguido abrir, ventilar y, en definitiva, expresarse.

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