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Cuando de pequeño me dijeron que un día había que morir, esa noche no pude terminarme el perrito caliente con salsa tártara. Luego he ido interiorizando la noticia poco a poco a base de largos sorbos de whisky mezclados con abundantes dosis de clozapina. El día que te dicen una cosa así, sientes cómo tu corazón deja de fabricar litros diarios de almíbar y empieza a segregar nitrógeno líquido. Me hubiera gustado tener un hermano, no solo para que llegado el día tuviera alguien que me ayudara a pagar el impuesto de sucesiones, sino para haber comentado la noticia. «Oye Frank, ¿qué te parece a ti eso de morir, con lo bien que se está aquí oliendo a café y a pan tostado por las mañanas?».

«Dicen que el cuerpo es un sepulcro y que eres lo que comes, pero yo intuyo que también eres lo que bebes – y con quién-. Como Rick Blaine, nunca haría algo tan vulgar como dejar de beber («¿Cuál es su nacionalidad amigo? Soy borracho»), pero desde luego lo que no haría bajo ningún concepto es dejar los bares. En los bares aprendí tantas cosas que estoy por persignarme cada vez que vuelvo a uno; son nuestro María Moliner, nuestro Liceo y nuestro cura del pueblo», escribe Jesús Terrés en Nada importa.

Se viene a la vida a veranear y a congelar perritos calientes para el próximo confinamiento. Cada vez que me como uno me acuerdo de cómo se escandalizó Jackie Kennedy al enterarse de que, en su día, los Roosevelt habían puesto de cenar a los Reyes de Inglaterra (Jorge VI e Isabel) unos perritos calientes durante una visita a Estados Unidos. No se imagina uno al Rey de Inglaterra echando mostaza en una salchicha, pero, como decía Belmonte, en la vida hay gente pa to.

«En junio de 1963, John Fitzgerald Kennedy viajaba a Inglaterra y era objeto de una cena oficial por parte del primer ministro. La esposa de este escribió a la primera dama para conocer los gustos del hombre más poderoso del mundo. «Cualquier cosa que usted prepararía para una cena cotidiana entre semana. Sus gustos son extremadamente normales. Comida simple, comida infantil, buena comida…Le gusta todo», fue la respuesta de Jackie Kennedy», aseguran Rodrigo Varona y Javier Márquez Sánchez en Fuera de carta.

 

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