El calor hace de la rue Saint-Benoit una serpiente recién nacida de gelatina. Veo vibrar París desde el Café de Flore, mientras bebo, leo y a veces escribo. «Write drunk, edit sober», decía Hemingway, que, una vez,  en los lavabos del restaurante Michaud, en la rue Jacob con Saints-Peres, aprobó el tamaño de la polla de Scott Fitzgerald. Eso releo ahora en París no se acaba nunca, la novela de Enrique Vila-Matas donde descubrí que para ser escritor había incluso que escribir, algo que a veces se me olvida. He dicho novela para echarme toda la tierra posible encima y generar alguna polémica que pueda hacer entrar en erupción este tranquilo verano de no hacer nada, porque eso es a lo que he aspirado siempre, a no hacer absolutamente nada, a no rendirle cuentas a nadie, a no tener nunca más ni jefes, ni horarios, y volverme invisible como Pynchon o como el Gran Bos.

Impón tu suerte.

«Hemingway había cambiado Cuba por esa casa de Ketchum que era una casa para matarse. Un domingo por la mañana se levantó muy temprano. Mientras su mujer aún dormía, encontró la llave de la habitación donde estaban guardadas las armas, cargó una escopeta de dos cañones que había empleado para matar pichones, se puso el doble cañón en la frente y disparó. Paradójicamente, dejó una obra por la que pasean todo tipo de héroes como estoico aguante ante la adversidad», escribe Vila-Matas en Impón tu suerte.

Anoche hacía tanta calor en París que las palabras se quedaban suspendidas en el aire como polvo de tiza. La tiza siempre me ha dado muy buenos recursos para escribir y tengo toda una libreta con símiles y frases que los escritores han empleado en sus libros con la palabra tiza. De hecho, la frase «suspendida en el aire como polvo de tiza» la emplea Julian Barnes en El sentido de un final o eso apunté en su día en este cuaderno que me acompaña hasta para comprar el pan. ¿Qué será de mis libros, de mis libretas blancas como la tiza cuando muera? ¿Lo quemarán todo en el patio de una casa solariega como en El Quijote? Me inquieta. Tengo que hablar ese tema con alguien.

elartedeperder

El arte de perder.

«No trabajé este verano pero tendré mucho que hacer en otoño. Espero terminar la novela antes del 1 de diciembre. Llevo un tiempo con los nervios a flor de piel; es algo puramente físico, pero me inquieta un poco, hasta el punto que he dejado de beber y solo fumo cigarrillos sin nicotina», le dice Scott Fitzgerald en una carta a Hemingway, recogida en el libro El arte perder.

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