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Las ciudades amuralladas y las estepas abiertas, los humanos sedentarios y los nómadas han librado una guerra que data de antes de la memoria. Esta guerra sin cuartel por defender no solo la propia supervivencia, sino también una manera de entender el mundo, se sostuvo a lo largo de generaciones en incontables frentes y lugares. Los nómadas que vivieron a lomos de sus caballos hasta formar un solo cuerpo, fueron los perdedores, pero la lucha no cerró su último capítulo hasta que algunas tribus mongoles regresaron a la estepa después de haber conquistado Eurasia casi por completo y sometido al terror a sus habitantes. Antes, los descendientes del temible Gengis Kahn habían conquistado China y asumido la vida en sus palacios.
Aún hoy en día, en la era de los aviones y los transportes rápidos, resulta difícil entender un imperio que pueda abarcar desde el Pacífico hasta el mar Adriático, más extenso que la antigua URRSS, China y los Estados Unidos de América juntos. Ese era el territorio que configuró la oleada mongola bajo la égida de Gengis Khan.
Cuando el mundo era mío construye una mezcla poderosa de épica y de lo que, por excepcional, pudiera parecer una novela fantástica. En ella conviven el viento de la estepa junto a la libertad y la guerra, el heroísmo y la crueldad. Una prodigiosa aventura que en el siglo XII atravesó fulgurante e intensa como un rayo la historia de la humanidad.
Con una asombrosa capacidad para contar con la voz del propio Gengis, protagonista de este relato inabarcable, Eduardo Gil Bera rescata no solo sus gestas, sino una cosmovisión completa que resulta ya inaccesible en nuestro tiempo. En estas páginas se despliega el asombro, también el espanto, pero, sobre todo, el eco de lo que alguna vez fuimos y olvidamos.
“El hombre mongol cabalga. La mujer y el niño mongol cabalgan. Cuando no puede seguir cabalgando, se sienta y muere.”




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